sábado, 21 de enero de 2012

Mucho oro y poca perla




Dicen que soy una bomba gay pero yo no me dejo engañar, soy un proyecto de arma química, una investigación no letal, que la fuerza aérea especuló producir.

Una arma afrodisiaca, desagradable pero necesaria. las tropas enemigas ya no vendrán, sus comportamientos homosexuales descubrirán.
Consume feromonas en lugar de alcohol, colmenas insaciables por montón. El laboratorio Wright será la sensación, Sunshine Project, aquí ya voy yo.
Premio nobel 2007, a la mejor investigación. Que buen aporte a la humanidad! Dicen que soy un arma gay, los soldados enemigos irresistibles serán, chicos insaciables nos perseguirán.
Oops, dije algo anormal? Que importa si la Fuerza Aérea no quiso participar en la ceremonia de entrega de la Universidad de Harvard, todos la pasaron muy bien en los experimentos, a mi me da igual.

http://www.sunshine-project.org/

http://darksuns.wordpress.com/2011/03/13/sunshine-project-la-bomba-gay/






No hay invento más estúpido que la bomba atómica. Mi padre se pavoneaba por las playas de Lancheros y Juanchaco diciendo que yo era su cero.

http://www.youtube.com/watch?v=mVTW_-C014o




Años atrás había peleado con su padre porque no quería ser militar como ya era tradición en su familia. El abuelo era un veterano de guerra que en sus mejores días había participado en la preparación de los vuelos que arrojarían la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki. Enola Gay era el nombre del avión y Harry Truman, el del infame. Luego de los hechos de Nuremberg y de varios incidentes con los japoneses quienes habían amenazado a la familia, fue echado como un perro a las calles de Boston, como cualquier polocho a perseguir a los hombres de Caponne. No imaginaba tal ingratitud del gobierno norteamericano que apenas le había designado una modesta pensión, cuando él se veía como un héroe de la nación y no como los traidores que habían decidido apoyar el escape de nazis y fascistas hacia América. Miraba con desdén a los hombres del alcohol, veía como impunemente negociaban con los políticos de turno y filtraban toda la democracia de aquel gran país al que un día llegó convencido de que era la tierra de la libertad y las oportunidades.  La abuela recordaba antiguas canciones de su natal Rumania, mientras el abuelo recordaba cómo se habían conocido en Roma antes de viajar a América huyendo del fascismo. Él no sabía muy bien si la Fuerza Aérea le había encomendado tan importante labor por sus destrezas como ingeniero, o sí como en todas las guerras, lo habían echado a la olla por su origen gitano. La abuela recordaba Verona, como si ella misma hubiera participado de la historia de Romeo y Julieta. Luego se harían panaderos, pero eso es harina de otro costal. Matemático, el abuelo era un gran matemático. En los días previos a la bomba había conocido a Einstein con quien discutía sobre la pertinencia o no de construir tal artefacto. Ahora miraba con desdén a los muchachos peleando en la acera. Odiaba tanta pobreza.




http://www.youtube.com/watch?v=oHySvxR1fqg

Mi padre nació en el 46, y fué dado de baja en el 76, era un cáncer pero se llamaba Leo. Ya desde pequeño jalonaba carros en la calle. La abuela mandó a construir senda carta astral para él, le vaticinaban un futuro decisivo, no imaginaba cuánto. Lo bautizó Leo como el gran sol resplandeciente, decían que con una sola sonrisa obtenía lo que se propusiera. Era un hombre de una gran persuasión y confianza. Con el dinero que obtenía de vender las autopartes, gozaba visitando antros de mala muerte y casas de lenocinio. Era un encantador de serpientes. Pero el abuelo era más fuerte y como un toro que era se empecinaba en enseñarle todas las técnicas militares. Papá pensaba que era un desgraciado y como cualquier mortal, la abuela creía que era un Dios, tuvo que ir a meseriar en un casino del señor Caponne, muy popular en aquella época, llamado Manhattan. Aún no se conocían sus andanzas y el notable empresario vió en él a un pupilo de quien tenía grandes expectativas. Lo quiso como a un hijo y le enseñó todo lo que sabía. Muy pronto se convirtió en su hombre de confianza, admiraba sobre todo sus contactos en la milicia, Caponne no sabía muy bien por qué, pero encontraba un gran futuro en la industria militar, no tardó en hacer sus inversiones.
 
Y entre coctel y coctel, se volvió experto en la cata de vinos, mi gran padre Leo compartía con sus amigos de aventura, Frankie y Jhonny. Frankie, un yugoslavo de visita en la ciudad y Jhonny, el hijo de un policía, y quienes tenían una relación, cuando conoció a mi mamá.



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